mercoledì 20 maggio 2015
Con–Fabulación No. 375 - Adiós a Óscar Collazos
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DIRECTOR: Gonzalo Márquez Cristo. EDITORES: Amparo Osorio, Iván Beltrán Castillo. COMITÉ EDITORIAL: Fabio Jurado Valencia, Carlos Fajardo. CONFABULADORES: Óscar Collazos, José Chalarca, Maldoror, Sergio Trujillo Béjar, Fabio Martínez, Fernando Maldonado, Gabriel Arturo Castro, Guillermo Bustamante Zamudio. EN EL EXTERIOR: Alfredo Fressia (Brasil); Antonio Correa, Iván Oñate (Ecuador); Rodolfo Häsler (España); Marco Antonio Campos, José Ángel Leyva (México); Luis Alejandro Contreras, Benito Mieses, Adalber Salas (Venezuela); Renato Sandoval (Perú); Efer Arocha, Jorge Torres, Jorge Najar (Francia); Marta L. Canfield, Gabriel Impaglione (Italia); Luis Bravo (Uruguay); Armando Rodríguez Ballesteros, Osvaldo Sauma (Costa Rica).
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con el asunto “Retiro”
Adiós a Oscar Collazos
Con-Fabulación rinde tributo a uno de sus colaboradores y amigos, el narrador, ensayista y periodista, Oscar Collazos, recientemente desaparecido, reproduciendo aquí su primer cuento, que publicara en El Espectador a sus veinte años, donde se hace evidente su talento literario y la elección de aquello que André Malraux, autor que le era tan caro, llamaba la búsqueda de un destino, de un obsesivo proyecto existencial.
PRIMER CUENTO DE OSCAR COLLAZOS
Este fue el primer cuento publicado de Óscar Collazos (Bahía Solano, 29 de agosto de 1942 - Bogotá, 17 de mayo de 2015), entonces un joven escritor desconocido de la costa del Pacífico. El cuento fue enviado espontáneamente al Magazín Dominical de El Espectador, que lo publicó el 7 de octubre de 1962. Collazos habría de ser posteriormente uno de los más interesantes escritores colombianos posteriores al escandaloso y reputado Boom Latinoamericano y a la figura casi bíblica de García Márquez. Su pluma asedió la mayoría de los géneros de la escritura –novela, cuento, ensayo y periodismo– y en cada uno de ellos llegó a formular propuestas notables. Entre sus títulos podemos recordar: El verano también moja las espaldas, Son de máquina, Textos al margen, Memoria compartida, Disociaciones y despojos, El asesinato de la modelo y Batallas en el monte de Venus.
SOLAMENTE SU TESTIMONIO
–Tengo miedo.
–¿De qué?
–No sé.
–¿Te meterán preso?
–No sé. ¡Maldita sea!
–¿Lo mataste?
–No, no lo maté.
–Entonces, ¿por qué huyes?
–¿Por qué? Pues porque me declararán culpable.
–¡No lo eres!
–Para ellos, sí. Son así.
La mujer se vestía mirando por la ventana. El hombre, boca arriba, tenía el torso descubierto, y con un pie rascaba la pantorrilla de la otra pierna. Fumaba. La mujer, de espaldas, enseñaba su figura relajada. El hombre se incorporó dando un salto cuando la mujer habló en voz baja.
–Si te persiguen, no descansarán hasta matarte.
El hombre se puso la camisa, que le quedó estrecha, como si fuera a rajarse por la espalda y el tórax. Se asomó a la ventana.
Comenzaba a lloviznar y el cielo empezaba a ponerse de un gris plomizo.
Salió. Recostado a las paredes, recorrió la acera. Llevaba el cuello de la camisa levantado. Se perdió en la calle siguiente. Al poco rato, un jeep pasó despacio frente a la casa que el hombre acababa de abandonar. Los cuatro sujetos miraron hacia las casas de puertas cerradas. Tres hombres uniformados, un hombre de paisano.
………………
–¡Perra! Dilo, tú sabes dónde está.
–No sé nada.
El agente uniformado le dio bofetadas a la mujer hasta dejarla sangrando, boca arriba en la cama. Los otros tres lo miraban.
–Déjemela a mí, jefe, yo la hago cantar.
–¡Apártate!
Sonó un disparo. La mujer extendió un brazo, que quedó colgando en el borde de la cama. La blusa se le manchó de un rojo espeso. Le salía sangre por la prominencia de los senos.
Los agentes salieron. El de civil gruñó desde el vehículo:
–¡Hijueputas!
Cruzó a toda velocidad la calle que daba al Palacio Municipal.
………………..
El hombre fugitivo se detuvo a la orilla del río, debajo de un guayabo. Las aguas bajaban en un hilo escaso de color ladrillo. Miró alrededor. Sólo un pájaro se sentó cerca de él a picotear en el suelo una guayaba madura.
Había escampado hacía rato. El hombre sacó de uno de los bolsillos del pantalón un paquete envuelto en una servilleta. Comió. Al terminar, la servilleta descendió por el río y se quedó adherida en una piedra. El hombre se quitó los zapatos y los mojó. Luego los colocó recostados a una piedra. Volvió la vista atrás. Había oído el ruido que venía de la carretera. El ruido de un vehículo.
El hombre corrió y se agazapó entre los arbustos. El ruido cesó y se oyeron pasos cercanos. El hombre seguía mirando por entre los árboles hacia un recodo de la orilla donde había una vegetación más espesa. Alcanzó a ver a los sujetos armados que bajaban de un jeep. “Son ellos”, se dijo.
Los sujetos traían a empujones a tres hombres más. Uno de ellos era un anciano con el pelo blanco y ralo que le caía en la frente. Los alinearon a empujones. El hombre más joven se llevó la mano al bolsillo. Un momento después se escucharon los estruendos de repetidos balazos. Los tres hombres cayeron en la planada.
Anochecía. Entre los guaduales se escuchaba la algarabía de las cotorras y el canto grave de un pajarraco.
El hombre salió del matorral y se fue bordeando el río hasta confundirse con los troncos de árboles entrometidos entre las siete y media de la noche.
……………
–¿Por qué volviste?
–Acaban de asesinar al viejo Plutarco y a sus dos hijos. Cerraron las salidas del pueblo.
–No puedes volver al pueblo.
–¡Supieron algo de Leandra?
Se hizo silencio. Los jóvenes callaban. Volvieron la vista hacia la mesita de la sala, como si huyeran de la pregunta del hombre.
–¿No me oyeron?
–Sí, Claudio, te oímos. La mataron en su casa. No sabemos si te ha delatado. Todo el mundo sabe que al alcalde lo mató el ejército porque no dejó que nos llevaran presos ni se creyó en cuento de que éramos subversivos. Ellos mismos lo mataron. Esperaron que saliera de su despacho y luego lo asesinaron.
–¿Y el cadáver de Leandra?
–Se lo llevaron.
Se escuchó de nuevo el ruido de vehículos. La puerta de la casa daba a la calle. Los jóvenes se miraron unos a otros y miraron después a Claudio, que abrió rápidamente la ventana de la parte trasera de la casa. Comunicaba con la pequeña plaza de mercado. Saltaron uno tras otro. No alcanzaron a escuchar el ruido de la puerta que los agentes armados acababan de derribar a culatazos. Numerosos hombres armados, en vehículos oficiales, rodeaban la casa. Los esperaban al otro lado del mercado.
Claudio fue el último en caer sangrando sobre el pavimento. Los jóvenes parecían bultos regados desordenadamente en el piso.
Uno de los vehículos dirigió la retirada.
…………
Eran las once y media de la noche en el reloj de la inspección de policía.
Un hombre de traje oscuro se acercó al agente de guardia.
–Vengo a denunciar un crimen.
–¿Un crimen?
–Varios.
–¿Cómo que varios?
– En la galería, creo que son los asesinos del alcalde.
–¿Vio a los asesinos?
–No. Huyeron hacia el río.
–Llamaré para que se los lleven a medicina legal. Acaban de llevar a una muchacha asesinada en su rancho de un balazo.
–Van a necesitar más testigos–dijo el hombre del traje oscuro, uno de los tripulantes del jeep que había estado recorriendo la ciudad–. Por los lados del río aparecieron otros tres muertos.
–Nos basta con su testimonio–dijo el inspector–. El ejército siempre reporta los muertos en combate.
El hombre salió de la inspección y subió al jeep que lo esperaba fuera con el motor encendido.
1962
Exposición: Cinco maestros de la figuración en Colombia
Alfonso Álvarez, Hermann Camargo, Miguel Moyano, Roberto Montoya y Yezid Vergara
Exposición con motivo de la celebración de los 40 años del CESA
Del 20 de mayo al 10 de junio de 2015
Inauguración: miércoles 20 de mayo a las 6 p.m.
Casa biblioteca CESA
Diagonal 34A 5A–23
Bogotá - Colombia
Poemas de Alexis Romero
(Ciudad Guayana, 1966). Licenciado en Ciencias Pedagógicas (Universidad Católica Andrés Bello). Realizó estudios de Maestría en Filosofía de la Práctica. Especialista en Evaluación Cualitativa, Institucional y de Impacto. Profesor de Gerencia del Conocimiento y de Ética Profesional en la Ucab. Es autor de los poemarios: Lo inútil del día (1995); santuario del verbo (1996); Que nadie me pida que lo ame (1997); Gestos mayores (plaquette, 1998); Los pájaros de la fractura (1999); Los tallos de los falsos equilibrios (Premio Internacional de Poesía XXIII Bienal J. A. Ramos Sucre, 2001); Cuaderno de mujer (2002); La respuesta de los techos (2008); Demolición de los días (2008) y Escribo para ser perdonado (2012). Su poesía ha sido incluida en diversas antologías latinoamericanas e hispanoamericanas y traducida al inglés, francés, italiano, alemán, portugués, coreano y sueco. Los poemas de la presente selección son inéditos.
Los poemas de Alexis Romero fueron tomados de Poetas venezolanos contemporáneos: tramas cruzadas, destinos comunes, editado por Común Presencia, cuya compilación fue realizada por Adalber Salas y Alejandro Sebastiani Verlezza.
boras
hundías tus raíces
hasta el maltrato en lo oscuro del agua
dejabas flores y hojas atentas
a los rayos del desprendimiento y el sol
no competías por alimentos geografías respiraciones
supiste hallar cómo vivir
cómo tener un lugar sin estorbos desperdicios
sin lesiones a tus vecinos
en medio de la escasez
hallaste abundancia
tus palabras no nacieron en las guerras
sino en las ausencias bélicas
lleno estás de fronteras húmedas y secas
tocado eres por la muerte y la vida
mientras miras posar y pasar a los dioses del tiempo
también pude venir de allí
un animal de lágrimas
por eso pido vida para aprender la vida
lentitud para dotar de oxígeno
mis páginas
heredamos un salmo
creímos que era un bautismo
la llamamos deformación de los pájaros
y la bañamos de altura
saltan de un temor a otro
los pájaros brotados de un cuerpo
que viene de haber caminado sin rumbo alguno
supongo que así nacen las alas
los inicios del viento en la casa de la sangre
es tan larga la torpeza inicial del vuelo
el mundo se oye hambriento de espontaneidad
el pico más alto no es miedo sino ráfaga
ningún pájaro vino del odio
del eco de las garras
heredamos un salmo
oídos oídos oídos
CARTAS DE LOS LECTORES
CRÓNICA DE UN VIAJE AL PAÍS DE LA MUERTE. Intentaré hacer un dibujo... para poder expresar lo que he sentido al leer la “Crónica de un viaje al país de la muerte¨ que me ha conmovido hondamente. Rafael Dussan, pintor y dibujante
* * *
LA POESÍA TE NECESITA. He leído la crónica de tu viaje por esa temporada, y créeme que realmente me ha dejado perplejo y feliz porque, una vez más, la escritura y la poesía son fundamentales para asumir nuestros naufragios. La escritura es nuestra pulsión desde el lenguaje, contra la muerte y desde la muerte; es una forma de detener las ausencias, los abismos, de allí que aplauda tu hermoso, testimonial y valiente texto. Pero sobre todo, tu ironía para encarar las dolorosas verdades del cuerpo y del espíritu, tu mueca de humor como apuesta para burlarte de la enfermedad, pero también de la horrenda visión de aquellos mercaderes de cadáveres que son los médicos, cajas registradoras en este sistema de depredadores mercachifles. Es esta pulsión crítica la que aplaudo y saludo; es en ella donde se siente y palpita tu poética lucidez: una trashumancia que enfrenta los buitres de una realidad dolorosa; un trasegar que se sumerge en los espacios del sueño y en las pesadillas, para entregarnos una palabra sincera, irónica, reveladora y pulsante, como es la gran poesía, la cual, bien lo sabes, se debe escribir como quien muere. Esa es la poesía hermano, tu desafiante poesía. Poeta, amigo, hermano, creo, tengo la más inmensa fe, que vas a salir de esto, no sólo porque eres fuerte y con una fortaleza de pasión por tu trabajo, sino porque te necesitamos, la poesía te necesita. Carlos Fajardo, poeta y ensayista
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LÍRICA 150. Márquez Cristo convierte la crónica en ventana para ver (nos) por dentro. Su palabra ilumina los oscuros pasajes de la parca. Agudo, conmovedor, profundamente lírico, su relato como lo hace Saramago, es capaz de enamorar y derrotar la muerte. Pedro Baquero, escritor
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TROYA INTERIOR. Magistral la crónica y ejemplar como has venido sorteando, en tu Odisea personal, las vicisitudes que acarrea espantar a la muerte y "salir victorioso de tu Troya interior". Osvaldo Sauma, poeta, Costa Rica
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LA EXPERIENCIA DEL POETA. Recibe mi solidaridad, mi afecto y mi pensamiento constante. Estoy conmovido con tu entereza para vivir como ser humano y como Poeta, esta experiencia narrada en “Crónica de un viaje al país de la muerte”. Tu coraje vital en la comunicación poética que has compartido es una lección. La enfermedad es una bajeza y la poesía en tu caso la transforma en estética para la vida, en amor que reinventa las minucias milagrosas de las horas. Gracias por este sentido del humor y por tu voluntad hedonista para darle la vuelta al dolor. Aquí la primavera de Moscú te recuerda. Rubén Darío Flórez, Moscú
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LA URDIMBRE DEL AFECTO. Me impactó tanto tu relato-testimonio, que tuve que dejar que pasara el tiempo para poder asimilarlo. Y es porque te asocio a una gran vitalidad personal, artística y espiritual....y no me cuadraba para nada la dramática situación que has vivido. Pero claro es esa vitalidad tuya la que ha generado todo ese tejido de amor a tu alrededor, que te está sacando hacia la salud. Siente un hilo más de esa urdimbre. El mío. Rocío Cabanzo, poeta.
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DE TURISMO POR EL AVERNO. Hasta ahora me entero de tu ruta turística por el Averno, gran abrazo con todas las chispas del cariño y los recuerdos, tu amigo desde este sur. La aproxima vez avisa para enviarte una pastusita de azafata. Arturo Bolaños Martínez, poeta e historiador.
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