mercoledì 15 luglio 2015

No. 383, Claude Michel Cluny

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DIRECTOR: Gonzalo Márquez Cristo. EDITORES: Amparo Osorio, Iván Beltrán Castillo. COMITÉ EDITORIALFabio Jurado Valencia, Carlos Fajardo. CONFABULADORES: Óscar Collazos, José Chalarca, Maldoror, Sergio Trujillo Béjar, Fabio Martínez, Fernando Maldonado, Gabriel Arturo Castro, Guillermo Bustamante Zamudio. EN EL EXTERIOR: Alfredo Fressia (Brasil); Antonio Correa, Iván Oñate (Ecuador); Rodolfo Häsler (España); Marco Antonio Campos, José Ángel Leyva (México); Luis Alejandro Contreras, Benito Mieses, Adalber Salas (Venezuela); Renato Sandoval (Perú); Efer Arocha, Jorge Torres, Jorge Najar (Francia); Marta L. Canfield, Gabriel Impaglione (Italia); Luis Bravo (Uruguay); Armando Rodríguez Ballesteros, Osvaldo Sauma (Costa Rica).
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Claude Michel Cluny


Claude Michel Cluny (París, 1930). Poeta, novelista y ensayista, es una de las voces más celebradas de la literatura francesa contemporánea. Premio Guillaume Apollinaire y Gran Premio de la Academia Francesa por el conjunto de su obra.
Ha publicado los siguientes poemarios: Désordres (Gallimard, 1965); Inconnu passager (Gallimard, 1978); Asymétries (La Différence, 1985 - Prix Apollinaire 1986); Odes profanes (La Différence, 1989); Poèmes du fond de l’œil (Gallimard, 1989); Œuvre poétique (Œuvres complètes I, La Différence,1991); Un jour à Durban (La Différence, 1992); Poèmes d’Italie (La Différence, 1998); À l’ombre du feu, (La Différence, 2001).
Sus obras traducidas al español son: Los Osoletas (trad. de Aurelia Álvarez y Aurelio Asiain-México DF, Ediciones Heliópolis, 1995); Pastoral Hotel (trad. de Jorge Nájar-México DF, Verdehalago & Universitad Autónoma de Puebla, 1998); Memoria de la sal (trad. de Jorge Nájar - Bogotá, Común Presencia No. 17, 2005); Atacama. La guerra del Pacífico: 1879-1884 (trad. de Mario Zamudio Vega - México DF, Fondo de Cultura Económica, 2006).  Dentro del género de la narrativa destacamos: La Balle au bond; Vide ta bière dans ta tombe; L’Été jaune; Disparition d’Orphée; Sous le signe de Mars. Ha escrito además una decena de libros de ensayo.
Los siguientes poemas pertenecen al libro Ulises y su perro (Común Presencia Editores). bellamente traducido por Jorge Nájar.


RETRATO DE LA FELICIDAD      

Maravilla de un amanecer
la muerte se te parecía

ella extendía sus alas
tus cabellos oscuros en la sal
                                   de las lagunas

maravilla que se fue
paso a paso
                   sobre las aguas muertas.


EGEO

Las losas de mármol de la isla
tienen el color del verano. Una flama mortecina
se agita por donde sea.

El aire con ojos de esmalte se inclina hacia un pescador
para amarlo.
La cigarras limpian
la estatua azul del día.

Pienso en ese amor de aire tan joven y grave
                         —y yo en mí solo viajo…
Mi sombra se ha ido al otro lado de mí
Como un ahogado arrastrado
                          hacia la otra cara del mar.


DE LOS DIOSES

¿En qué creen? Allí no hay ni cruz ni bandera. Sólo el viento por profeta y la noche para dormir. Se olvidan del cielo sobre sus cabezas, las tormentas y los estragos. El tiempo, el viento y sus pasos borran en el acto las cartas de la ley. Aman al sol como una cosa necesaria y, al salir de sus noches lentas, lo saludan; pero al poco dejan de pensar en él. El odio y el furor deforman el rostro oculto de los dioses: truenan desde sus buhardillas sagradas. Maldicen a la raza y su indiferencia. Ellos prefieren el anatema… A veces, en verano, los dioses no pueden más: invaden un alma en pena y la enloquecen. Hacen que su boca sea su teatro, en el que se agitan la injuria, el lamento y la súplica. Pero al enloquecido la multitud lo abraza, la multitud lo apaga como se sopla una lámpara, como uno achica una mecha humeante. ¿Tal vez sea que creen más en el silencio?            


Los neofascismos mediáticos



Por Carlos Fajardo Fajardo*

Un Neofascismo fascinante

Vivimos tiempos donde la actualización de ciertos mecanismos y simbolismos fascistas del siglo XX se hace visible. Tanto en los medios, como en la publicidad,  en la cultura, la literatura, en el cine, en los dispositivos multi y transmediales se han mantenido vigentes algunos imaginarios del fascismo, cautelosamente disimulados gracias al capitalismo tecnológico. El neofascismo se patenta en  los conservadurismos de ultraderecha, en xenofobias masivas y en red, en las exclusiones y marginaciones de los inmigrantes, en discriminaciones religiosas y sexuales, en neo-moralismos puritanos religiosos, en nacionalismos que reactualizan los discursos de familia, tradición, raza, sangre, patria, superioridad. Corporativismos totalitarios, emocracias pasionales difundidas a través de los medios y del marketing global. Al decir de José Manuel Querol “de algún modo el capitalismo se tragó al fascismo, lo integró en su psicología social eufemizada y se sirvió de sus modelos emocionales de control del poder para construir un imaginario colectivo. El nazismo dejó de ser político y se convirtió en neuronal” (2015, p. 15-16).
El fascismo actual espectaculariza lo político, lo vuelve hechizante, embriagante, emotivo, puro efecto publicitario. Es aquella estetización de la política de la que habló Walter Benjamin. Escenografía del poder aceptado deliciosamente. De manera que pululan en estos escenarios del capitalismo posindustrial las imágenes de algo que supuestamente estaba aniquilado, derrotado. Basta tan solo analizar el modelo del héroe mediático, las imágenes de belleza, la violencia en los cómics y narrativas transmediáticas como forma de identidad  en  las comunidades adolescentes y juveniles. Se impone así el culto al odio, la destrucción y el golpe, el fervor a lo necrofílico, la consagración casi religiosa a los neochovinismos y las amenazas a lo extranjero. Todo esto bajo el ropaje de una individuación ágora-fóbica, que reclama a gritos ser observada, vigilada, administrada.
Es la idolatría del terror, de los horrores. La pantallización de estos ritos, que se han convertido en mitos mediáticos, asegura una cultolatría al tótem de la nomenclatura neofascista. No hay mayor patología eufórica que nuestros rostros viendo imágenes de lo terrorífico y pavoroso en los noticieros, en el cine, en las redes teledigitales. El terror, la sangre, el morbo, lo impactante, lo estridente, los asesinatos en masa, nos divierten y entretienen mientras almorzamos o cenamos. He aquí los íconos fascistas reciclados: un verdadero leviatán construido de nuestros miedos y deliciosos espantos.
De modo que el pavor germina, crece y se reproduce más que cualquier hecho cotidiano;  entra a nuestras casas, habita con nosotros y se establece en los medios electrónicos. Es un nuevo siglo del miedo, no tan distinto al que definió Albert Camus en su artículo de noviembre de 1948.  Es la Bunkerización de la vida. En el búnker “nos hemos instalado (mental y existencialmente). La bunkerización es la consecuencia, entre otras cosas, de la televisión planetaria y de la reticulación cibernética”, comenta Fernando Castro Flórez (2014, p. 21-22). La casa como búnker, espacio aparentemente seguro, pero donde llegan los peligros y el desierto crece y lo siniestro permanece a pesar de los muros.
Pero también crece la amnesia junto al pánico. Vaya paradojas. Olvido y pánico en la era de la hiperinformación. Cada hecho que causa pavor se olvida de inmediato. Es como entrar a una obra de teatro hecha de olvidos. Los sucesos del dolor quedan afuera, virtualizados. Es el terror pantallizado. Fuera de mí, en otro espacio, en otro lugar, en un no lugar, es donde los desastres suceden. Y sin embargo, vivimos con el terror en casa, entre el mundo off life y el mundo on line. Es la mezcla suprema entre lo  privado y lo público, una interacción paranoica tanto en la calle como en la habitación, en la cual se conectan, al decir de Paul Virilio, los “inválidos equipados”.
La reinstalación de estos procesos fascistas ha impuesto un esquizofrénico aplausímetro para el caudillo, junto al placer por los significantes y el destierro de los significados. Son las formas de un fascismo camuflado, hibridado con los dispositivos del control escenográfico, gratamente estetizado. El neofascismo impone la fiesta sobre el horror, la amabilidad sobre el castigo directo, de tal manera que no se sientan sus nefastos resultados.
Perversa y astuta estrategia de despolitizar, desmemorizar y deshistorizar la cultura a través de la performancia liviana, feliz y espectacular de los terribles acontecimientos de nuestro tiempo. Horrorosa estrategia de aislarnos del ágora y de la palabra crítica. Elegante forma de desterrarnos como sociedad civil activa, constructora y con derecho a cambiar el rumbo de los sucesos. Tal es la perversidad neofascista: insinuar que toda protesta y exigencia de cambio es inútil, estéril. En últimas, liquidar la idea de una ciudadanía transformadora.

El síndrome esquizo-paranoico administrativo

Un cierto síndrome esquizo-paranoico administrativo, dominado por el síndrome de la urgencia, por lo inmediato, se ha impuesto -sobre todo en las instituciones educativas- como un nuevo panóptico de vigilancia y control. Es un ahorismo casi irracional. Todo es urgente, para hoy, “para ayer” para ya. Todo es inmediato: gestionar, saber hacer. Directivos, rectores, gerentes, decanos, coordinadores atornillados en sus puestos lo generan y agendan. Son las nuevas formas de visibilizar al controlado. La sociedad de la administración sectoriza su tecnificación con estos modos de control donde nadie queda afuera del foco vigilante. No existe lugar, ni público ni privado, que no quede espiado. De allí la paranoia en red y la esquizofrenia masiva. Lo administrativo adquiere carácter represivo, pero aceptado voluntariamente. Es la servidumbre simbólica aplaudida y deseada por muchos. Más aún, es un sentirse cómodo siendo neo-esclavo en este neoliberalismo perverso. La vigilancia, real y virtual, agrada, incluso se exige, se pide que exista. Estar a la vista del otro es soportar deliciosamente la sociedad paranoica. Dicha condición garantiza la no marginalidad, el ser reconocido. Se comprende entonces la complacencia de unos cuantos ante estas máquinas administrativas de gestión y vigilancia. El ser operarios vigilados asegura un simulado éxito, ser noticia vendible, ciudadano publicitado, consumidor-consumido.
En las sociedades confesionales tecno-mediadas y tecno-administradas se diluye el mito de lo íntimo-personal, se impone el canon de lo íntimo-espectacular. A lo privado se le reprocha por guardar  ciertos secretos. A lo público se le aplaude y se le premia, se le garantiza publicidad, la palmadita en el hombro y alguna que otra opción de falsa fama. Exponerse y, más aún, ser condescendiente y colaborador, se convierte en una orden, una obligación. Ser producto para el mercado, todo en un solo paquete: oferta y demanda, bien de consumo y consumidor, valor de uso y de cambio, fetiche administrado y administrativo, vigilado condescendiente.
Es pues el pos-panóptico electrónico sintetizado en el autocontrol, la autocensura, la autovigilancia activa y deseada. Buena ganancia para los supervisores y mandos medios; gran tranquilidad espiritual para los supervisados y dirigidos. De nuevo dos en uno: el vigilado se vigila a sí mismo, es un auto-panóptico en red y masivo. Quedar por fuera de la esfera de nuestro superior inmediato -ya sea virtual o telefónicamente- se vive como un acto de irresponsabilidad moral. Es el panóptico interno funcionando día y noche. Desaparecen de esta forma los controles tradicionales y aparecen los autocontroles funcionales. Panópticos individuales que se llevan en la tecno-cotidianidad controlada: el celular, el iPhone, Twitter, Facebook, las redes sociales y todos los dispositivos mediáticos.
Ciudadanos usuarios controlados por un panopticismo social masificado. Para Thomas Mathiesen se ha instaurado un “sinóptico” gracias a los medios de comunicación donde muchas personas vigilan a unas pocas, contrastando con el panóptico tradicional, donde unos pocos vigilan a muchos.
He aquí una red de informantes: cada uno se convierte en un vigía; cada uno es un instrumento del poder que hace cumplir la norma y que denuncia al que la transgrede. Neofascismo mediático, vivido en las empresas, en la escuela, las universidades,  en las familias. Zigmun Bauman le llama “panóptico casero”. La familiarización de cada uno como vigilante del otro garantiza la seguridad de lo institucional.
Auto vigilancia agradecida e incluso exigida  por los súbditos, gustosos de estar en lo que están y como se está. Obedecer al orden y disciplinarse en la obediencia hacia la verdad administrativa es un ideal para los administrados y autocontrolados, hechos para actuar no para pensar. Y más aún, preocupados por ocupar un puesto en el orden jerárquico de las instituciones, por “ser alguien”, despersonalizándose, obedeciendo a las nomenclaturas cuánticas, obsesionados por salir del anonimato, por  no ser como “todos”. De allí que se comprometan con un régimen que a ellos mismos vulnera pero que veneran.
Vivimos llenos de miedos. Nos denunciamos, nos controlamos. Exigimos seguridad, nos gustan las cámaras, creemos estar seguros mientras éstas nos observan. Íconoadictos, ahora también somos paranoico-adictos, enfermos por la droga del sometimiento policiaco. Ello ha construido una sociedad militarizada, aparentemente segura de los peligros internos y  externos de la vida cotidiana, plena de pantallas donde te expones y te exponen; pantallas que viven del temor, la desconfianza, la culpabilidad, donde todos somos sospechosos. Cámaras que invaden los lugares y los no lugares, todos los espacios posibles de ser rastreados.
Estos son los dispositivos, no solo de vigilancia sino de consumo, que se implementan y se reemplazan velozmente, superando las fronteras. Mecanismos de sometimiento que imponen la obsesiva pulsión por lo urgente, la instauración de simuladas democracias y una policía virtual que sigue y pisa los talones a los jockeys informáticos. El fascismo del siglo XX lo sabía, el neofascismo del XXI lo actualiza.

Referencias
Bauman Z. y Lyon, David. 2013. Vigilancia líquida. Buenos Aires: Paidós.
Castro Flórez, Fernando. Mierda y catástrofe. Síndromes culturales del arte contemporáneo. 2014. Madrid: Fórcola Ediciones.
Querol, José Manuel. 2015. Postfascismos. El lado oscuro de la democracia. Madrid: Díaz & Pons.

*Poeta y ensayista colombiano



Ritual de Títeres


La vida; imágenes en tránsito

Por Mauricio Palomo Riaño*

Ritual de títeres es un elocuente riesgo, un salto al abismo, y en ese caer  en cada línea en la que transitan imágenes maravillosas asistimos al resquebrajamiento del género de la novela en su tratamiento tradicional, género revelador que se resignifica aquí con la escritura de Márquez Cristo. En esta obra cada renglón insta al lector a las distintas variables que se pueden hallar dentro de la prosa, aquellas que van más allá de la tradición narrativa y del agotamiento de sus elementos clásicos. Existe una insistencia en la prosa dislocada, que se fractura dejando ver en cada recodo cómo vuelve y se construye en destellos la imagen poética, para de nuevo volverse a dislocar. Todo está desprendido, pero todo está unido, es el orden desde la entropía, bienvenida la trasgresión de los géneros, la poesía narrada.
La novela deambula entre espacios externos e internos, es decir, un trasiego entre realidades intangibles y tangibles, entre filosofía y literatura. Gonzalo Márquez Cristo no deja recuperar al lector de la profundidad de una imagen cuando le atraviesa otra, sale uno dulcemente herido en esta arena de tinta, por necesidad. Lo indescifrable se percibe, la narración pasa de un personaje a otro como en un juego coral y todo parece estar roto, hasta el mismo lector que se introduce en su universo.
Los personajes son caminantes en este museo de la nostalgia, en este laberinto sin Teseo. Ariadna, la prostituta que maneja y entreteje el hilo de los títeres que son los otros personajes (todos masculinos) en la trama, es la piedra angular en el desarrollo de la historia de los dos planos, el ser y el no ser. Su tejido narrativo se quiebra y se construye, se construye y se quiebra, como una tela de araña. Es una genial propuesta; transgresora, arriesgada y bien cuidada en cada forma, en cada palabra. Estos son pues, los matices que hacen precisamente de Ritual de títeres una novela cautivante, que te reta como lector y que te insta a múltiples reflexiones sobre el miedo, el olvido, la ausencia, el tiempo, el dolor, los adioses, la desesperanza, la soledad y esta Bogotá que se desdibuja y se afianza a un mismo tiempo entre grises y amarillos, y algo más, el odio, un odio erótico como fuerza de afirmación con la vida, trasgrediendo al amor como eterno y tradicional protagonista de la afirmación con el mundo.
Cada vez hay más sorpresa en el lector, cada vez más magia en el recurso, en la construcción. Se trata de un asalto tramo a tramo producido por una veta de imágenes en emergencia, en una narración de conversaciones abstractas a la par de reales, sin piso preciso, pero con asidero propio, todo esto siempre originado desde el interior de nosotros mismos. Una voz femenina y un puñado de voces masculinas dialogan en entramados poéticos impecables, para destinatarios(as) que no debieron haber venido nunca. Los personajes como títeres en medio de un aura nostálgica fácilmente percibida van desarrollando el ritual que no viene a ser otro que el de la vida en la novela misma tejida por los hilos temporales de Ariadna.
Una respuesta a los críticos y académicos acartonados desde formas, estilos y contenidos que desencasillan a los creadores de moldes establecidos por la ciencia de la literatura (si es que ha de existir esta suerte de Escila). Márquez Cristo lo reafirma en sus propias líneas: “Si es necesario hablar contra el crítico es simplemente para cumplir con este lugar común de los escritores”.
Es poesía la novela, el lector la lee cual versos y empieza a pretender encontrarse el asombro de una verdad en la siguiente línea, en esa deliciosa carrera se va hilando la historia, pero, para el lector que lee por leer será su destino perderse. Los dos espacios que confluyen, realidad y esencia interna (si es que son distintas) provocan en el lector el maremágnum de ficciones y realidades, de silencios y confesiones, y sin embargo, es seguro que saldrá de la novela entendiendo que quizá, olvido muchas cosas más en esos renglones.
Hermandad de géneros que se hibridan, personajes conviviendo dos planos a la par, un mundo de afuera y un mundo de adentro; ritual de la vida, Eros y Tanatos, amores, desdichas, fracasos, todo en una radiografía de fuego que nos permite la pregunta del final ¿Asistiré al regreso del hombre? Que el ritual prosiga.
“Literatura es algo que nos recuerda: no lo que está escrito, es el viaje del ciego con un candil por abismos interiores. El poeta: verdadero durmiente, está condenado al insomnio. La genialidad sería repetirse: un incesto de la mirada: una carencia.
Exceptuando la poesía, lo demás es pérdida”

*Narrador y ensayista colombiano


En Luvina – Librería Galería Café

Lunes 13 de julio. 6:30 pm, Entrada Libre
Circulo de lectura Luvina: La obra poética de Raúl Gómez Jattín: Amanecer en el Valle del Sinú, orientada por Cristian Valencia (escritor).

Miércoles 15 de julio, 6:30 pm.
Presentación de cuarteto de guitarra clásica en Luvina
Contribución a los artistas $12.000

Viernes 17 de julio, 6:30 pm, Entrada Libre
Juan Monsalve (Director Teatro de la Memoria)
conversa sobre Arte y literatura de la India

Sábado 18 de Julio, 5:30 pm.
Ciclo: Retrospectiva de Stanley Kubrick.  Película: EL RESPLANDOR
Coordinación Armando Russi. Contribución: $5.000

Carrera 5 No. 26C-06, La Macarena Bogotá, Tel. 2844157



CARTAS DE LOS LECTORES

OLONJO.  Generosos Confabulados. No se imaginan mi alegría por la publicación de esa buena crónica del profesor Rubén Flórez, afincado en Moscú. Definitivamente si hay un medio en el país que reivindique a nuestros escritores en la diáspora, son definitivamente ustedes. Una vez más gracias por su maravilloso periódico. Leonardo Galindo Gómez. Profesor de Literaturas Comparadas.

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EUGENIA SANCHEZ. Hace mucho no tenía noticia de esta poeta bogotana y me gustaron sus poemas y la breve reseña que hiciera Hernando Guerra. Me agrada que ustedes den cabida a la voz de las mujeres en nuestra literatura. Olga Riveros Gélvez

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LIBRO POETA TOLIMENSE. Quisiera saber si dentro de sus publicaciones tienen algún libro del Poeta Julio César Arciniegas para adquirirlo. Me conmovió el tono de su poesía Matías Botero Bueno.
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MAD MAX 3, FURIA EN EL CAMINO.  Recomiendo a los seguidores de esta saga la tercera parte protagonizada por los buenos actores Charlize Theron y Tom Hardy. Pese a las convenciones propias del cine de héroes, la película es hermosa como una pintura, intensa con un vendaval y tiene diálogos como este, con el cual comienza: “Huyo de los muertos y huyo de los vivos”. O uno en la boca de Hardy: “La esperanza es una equivocación”. Felipe Sandoval.

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