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DIRECTOR:
Gonzalo Márquez Cristo. EDITORES: Amparo Osorio, Iván
Beltrán Castillo. COMITÉ EDITORIAL: Fabio
Jurado Valencia, Carlos Fajardo. CONFABULADORES: Óscar Collazos,
José Chalarca, Maldoror, Sergio Trujillo Béjar, Fabio Martínez, Fernando
Maldonado, Gabriel Arturo Castro, Guillermo Bustamante Zamudio. EN EL
EXTERIOR: Alfredo Fressia (Brasil); Antonio Correa, Iván Oñate
(Ecuador); Rodolfo Häsler (España); Marco Antonio Campos, José Ángel Leyva
(México); Luis Alejandro Contreras, Benito Mieses, Adalber Salas (Venezuela);
Renato Sandoval (Perú); Efer Arocha, Jorge Torres, Jorge Najar (Francia); Marta
L. Canfield, Gabriel Impaglione (Italia); Luis Bravo (Uruguay); Armando
Rodríguez Ballesteros, Osvaldo Sauma (Costa Rica).
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con el asunto “Retiro”
Claude Michel Cluny
Ha publicado los siguientes poemarios: Désordres (Gallimard,
1965); Inconnu passager (Gallimard, 1978); Asymétries (La
Différence, 1985 - Prix Apollinaire 1986); Odes profanes (La Différence,
1989); Poèmes du fond de l’œil (Gallimard, 1989); Œuvre poétique
(Œuvres complètes I, La Différence,1991); Un jour à Durban (La
Différence, 1992); Poèmes d’Italie (La Différence, 1998); À l’ombre
du feu, (La Différence, 2001).
Sus obras traducidas al español son: Los Osoletas (trad. de
Aurelia Álvarez y Aurelio Asiain-México DF, Ediciones Heliópolis, 1995); Pastoral
Hotel (trad. de Jorge Nájar-México DF, Verdehalago & Universitad
Autónoma de Puebla, 1998); Memoria de la sal (trad. de Jorge Nájar -
Bogotá, Común Presencia No. 17, 2005); Atacama. La guerra del
Pacífico: 1879-1884 (trad. de Mario Zamudio Vega - México DF, Fondo de
Cultura Económica, 2006). Dentro del género de la narrativa destacamos: La
Balle au bond; Vide ta bière dans ta tombe; L’Été jaune; Disparition
d’Orphée; Sous le signe de Mars. Ha escrito además una decena de
libros de ensayo.
Los siguientes poemas pertenecen al libro Ulises y su perro (Común
Presencia Editores). bellamente traducido por Jorge Nájar.
RETRATO DE LA FELICIDAD
Maravilla de un amanecer
la muerte se te parecía
ella extendía sus alas
tus cabellos oscuros en la sal
de las lagunas
maravilla que se fue
paso a paso
sobre las aguas muertas.
EGEO
Las losas de mármol de la isla
tienen el color del verano. Una flama mortecina
se agita por donde sea.
El aire con ojos de esmalte se inclina hacia un pescador
para amarlo.
La cigarras limpian
la estatua azul del día.
Pienso en ese amor de aire tan joven y grave
—y yo en mí solo viajo…
Mi sombra se ha ido al otro lado de mí
Como un ahogado arrastrado
hacia la otra cara del mar.
DE LOS DIOSES
¿En qué creen? Allí
no hay ni cruz ni bandera. Sólo el viento por profeta y la noche para dormir.
Se olvidan del cielo sobre sus cabezas, las tormentas y los estragos. El
tiempo, el viento y sus pasos borran en el acto las cartas de la ley. Aman al
sol como una cosa necesaria y, al salir de sus noches lentas, lo saludan; pero
al poco dejan de pensar en él. El odio y el furor deforman el rostro oculto de
los dioses: truenan desde sus buhardillas sagradas. Maldicen a la raza y su
indiferencia. Ellos prefieren el anatema… A veces, en verano, los dioses no
pueden más: invaden un alma en pena y la enloquecen. Hacen que su boca sea su
teatro, en el que se agitan la injuria, el lamento y la súplica. Pero al
enloquecido la multitud lo abraza, la multitud lo apaga como se sopla una
lámpara, como uno achica una mecha humeante. ¿Tal vez sea que creen más en el
silencio?
Los neofascismos mediáticos
Por Carlos Fajardo Fajardo*
Un Neofascismo fascinante
Vivimos tiempos donde la actualización de ciertos
mecanismos y simbolismos fascistas del siglo XX se hace visible. Tanto en los
medios, como en la publicidad, en la cultura, la literatura, en el cine,
en los dispositivos multi y transmediales se han mantenido vigentes algunos
imaginarios del fascismo, cautelosamente disimulados gracias al capitalismo
tecnológico. El neofascismo se patenta en los conservadurismos de
ultraderecha, en xenofobias masivas y en red, en las exclusiones y
marginaciones de los inmigrantes, en discriminaciones religiosas y sexuales, en
neo-moralismos puritanos religiosos, en nacionalismos que reactualizan los
discursos de familia, tradición, raza, sangre, patria, superioridad.
Corporativismos totalitarios, emocracias pasionales difundidas a través
de los medios y del marketing global. Al decir de José Manuel Querol “de algún
modo el capitalismo se tragó al fascismo, lo integró en su psicología social
eufemizada y se sirvió de sus modelos emocionales de control del poder para
construir un imaginario colectivo. El nazismo dejó de ser político y se
convirtió en neuronal” (2015, p. 15-16).
El fascismo actual espectaculariza
lo político, lo vuelve hechizante, embriagante, emotivo, puro efecto
publicitario. Es aquella estetización de la política de la que habló Walter
Benjamin. Escenografía del poder aceptado deliciosamente. De manera que pululan
en estos escenarios del capitalismo posindustrial las imágenes de algo que
supuestamente estaba aniquilado, derrotado. Basta tan solo analizar el modelo
del héroe mediático, las imágenes de belleza, la violencia en los cómics y
narrativas transmediáticas como forma de identidad en las
comunidades adolescentes y juveniles. Se impone así el culto al odio, la
destrucción y el golpe, el fervor a lo necrofílico, la consagración casi
religiosa a los neochovinismos y las amenazas a lo extranjero. Todo esto bajo
el ropaje de una individuación ágora-fóbica, que reclama a gritos ser
observada, vigilada, administrada.
Es la idolatría del
terror, de los horrores. La pantallización de estos ritos, que se han
convertido en mitos mediáticos, asegura una cultolatría al tótem de la
nomenclatura neofascista. No hay mayor patología eufórica que nuestros rostros
viendo imágenes de lo terrorífico y pavoroso en los noticieros, en el cine, en
las redes teledigitales. El terror, la sangre, el morbo, lo impactante, lo
estridente, los asesinatos en masa, nos divierten y entretienen mientras
almorzamos o cenamos. He aquí los íconos fascistas reciclados: un verdadero
leviatán construido de nuestros miedos y deliciosos espantos.
De modo que el pavor germina, crece y se reproduce más que cualquier
hecho cotidiano; entra a nuestras casas, habita con nosotros y se
establece en los medios electrónicos. Es un nuevo siglo del miedo, no
tan distinto al que definió Albert Camus en su artículo de noviembre de
1948. Es la Bunkerización de la vida. En el búnker “nos hemos
instalado (mental y existencialmente). La bunkerización es la
consecuencia, entre otras cosas, de la televisión planetaria y de la
reticulación cibernética”, comenta Fernando Castro Flórez (2014, p. 21-22). La
casa como búnker, espacio aparentemente seguro, pero donde llegan los peligros
y el desierto crece y lo siniestro permanece a pesar de los muros.
Pero también crece la
amnesia junto al pánico. Vaya paradojas. Olvido y pánico en la era de la
hiperinformación. Cada hecho que causa pavor se olvida de inmediato. Es como
entrar a una obra de teatro hecha de olvidos. Los sucesos del dolor quedan
afuera, virtualizados. Es el terror pantallizado. Fuera de mí, en otro espacio,
en otro lugar, en un no lugar, es donde los desastres suceden. Y sin embargo,
vivimos con el terror en casa, entre el mundo off life y el mundo on
line. Es la mezcla suprema entre lo privado y lo público, una
interacción paranoica tanto en la calle como en la habitación, en la cual se
conectan, al decir de Paul Virilio, los “inválidos equipados”.
La reinstalación de
estos procesos fascistas ha impuesto un esquizofrénico aplausímetro para el
caudillo, junto al placer por los significantes y el destierro de los
significados. Son las formas de un fascismo camuflado, hibridado con los
dispositivos del control escenográfico, gratamente estetizado. El neofascismo
impone la fiesta sobre el horror, la amabilidad sobre el castigo directo, de
tal manera que no se sientan sus nefastos resultados.
Perversa y astuta
estrategia de despolitizar, desmemorizar y deshistorizar la cultura a través de
la performancia liviana, feliz y espectacular de los terribles acontecimientos
de nuestro tiempo. Horrorosa estrategia de aislarnos del ágora y de la palabra
crítica. Elegante forma de desterrarnos como sociedad civil activa,
constructora y con derecho a cambiar el rumbo de los sucesos. Tal es la
perversidad neofascista: insinuar que toda protesta y exigencia de cambio es
inútil, estéril. En últimas, liquidar la idea de una ciudadanía transformadora.
El síndrome esquizo-paranoico
administrativo
Un cierto síndrome esquizo-paranoico administrativo,
dominado por el síndrome de la urgencia, por lo inmediato, se ha
impuesto -sobre todo en las instituciones educativas- como un nuevo panóptico
de vigilancia y control. Es un ahorismo casi irracional. Todo es
urgente, para hoy, “para ayer” para ya. Todo es inmediato: gestionar, saber
hacer. Directivos, rectores, gerentes, decanos, coordinadores atornillados en
sus puestos lo generan y agendan. Son las nuevas formas de visibilizar al
controlado. La sociedad de la administración sectoriza su tecnificación con
estos modos de control donde nadie queda afuera del foco vigilante. No existe
lugar, ni público ni privado, que no quede espiado. De allí la paranoia en red
y la esquizofrenia masiva. Lo administrativo adquiere carácter represivo, pero
aceptado voluntariamente. Es la servidumbre simbólica aplaudida y deseada por
muchos. Más aún, es un sentirse cómodo siendo neo-esclavo en este
neoliberalismo perverso. La vigilancia, real y virtual, agrada, incluso se
exige, se pide que exista. Estar a la vista del otro es soportar deliciosamente
la sociedad paranoica. Dicha condición garantiza la no marginalidad, el ser
reconocido. Se comprende entonces la complacencia de unos cuantos ante estas
máquinas administrativas de gestión y vigilancia. El ser operarios vigilados
asegura un simulado éxito, ser noticia vendible, ciudadano publicitado,
consumidor-consumido.
En las sociedades
confesionales tecno-mediadas y tecno-administradas se diluye el mito de lo
íntimo-personal, se impone el canon de lo íntimo-espectacular. A lo privado se
le reprocha por guardar ciertos secretos. A lo público se le aplaude y se
le premia, se le garantiza publicidad, la palmadita en el hombro y alguna que
otra opción de falsa fama. Exponerse y, más aún, ser condescendiente y
colaborador, se convierte en una orden, una obligación. Ser producto para el
mercado, todo en un solo paquete: oferta y demanda, bien de consumo y
consumidor, valor de uso y de cambio, fetiche administrado y administrativo,
vigilado condescendiente.
Es pues el
pos-panóptico electrónico sintetizado en el autocontrol, la autocensura, la
autovigilancia activa y deseada. Buena ganancia para los supervisores y mandos
medios; gran tranquilidad espiritual para los supervisados y dirigidos. De
nuevo dos en uno: el vigilado se vigila a sí mismo, es un auto-panóptico en red
y masivo. Quedar por fuera de la esfera de nuestro superior inmediato -ya sea
virtual o telefónicamente- se vive como un acto de irresponsabilidad moral. Es
el panóptico interno funcionando día y noche. Desaparecen de esta forma los
controles tradicionales y aparecen los autocontroles funcionales. Panópticos
individuales que se llevan en la tecno-cotidianidad controlada: el celular, el
iPhone, Twitter, Facebook, las redes sociales y todos los dispositivos
mediáticos.
Ciudadanos usuarios
controlados por un panopticismo social masificado. Para Thomas Mathiesen
se ha instaurado un “sinóptico” gracias a los medios de comunicación donde
muchas personas vigilan a unas pocas, contrastando con el panóptico
tradicional, donde unos pocos vigilan a muchos.
He aquí una red de
informantes: cada uno se convierte en un vigía; cada uno es un instrumento del
poder que hace cumplir la norma y que denuncia al que la transgrede.
Neofascismo mediático, vivido en las empresas, en la escuela, las
universidades, en las familias. Zigmun Bauman le llama “panóptico
casero”. La familiarización de cada uno como vigilante del otro garantiza la
seguridad de lo institucional.
Auto vigilancia
agradecida e incluso exigida por los súbditos, gustosos de estar en lo
que están y como se está. Obedecer al orden y disciplinarse en la obediencia
hacia la verdad administrativa es un ideal para los administrados y
autocontrolados, hechos para actuar no para pensar. Y más aún, preocupados por
ocupar un puesto en el orden jerárquico de las instituciones, por “ser
alguien”, despersonalizándose, obedeciendo a las nomenclaturas cuánticas,
obsesionados por salir del anonimato, por no ser como “todos”. De allí
que se comprometan con un régimen que a ellos mismos vulnera pero que veneran.
Vivimos llenos de
miedos. Nos denunciamos, nos controlamos. Exigimos seguridad, nos gustan las
cámaras, creemos estar seguros mientras éstas nos observan. Íconoadictos,
ahora también somos paranoico-adictos, enfermos por la droga del
sometimiento policiaco. Ello ha construido una sociedad militarizada,
aparentemente segura de los peligros internos y externos de la vida
cotidiana, plena de pantallas donde te expones y te exponen; pantallas que
viven del temor, la desconfianza, la culpabilidad, donde todos somos sospechosos.
Cámaras que invaden los lugares y los no lugares, todos los espacios posibles
de ser rastreados.
Estos son los
dispositivos, no solo de vigilancia sino de consumo, que se implementan y se
reemplazan velozmente, superando las fronteras. Mecanismos de sometimiento que
imponen la obsesiva pulsión por lo urgente, la instauración de simuladas
democracias y una policía virtual que sigue y pisa los talones a los jockeys
informáticos. El fascismo del siglo XX lo sabía, el neofascismo del XXI lo
actualiza.
Referencias
Bauman Z. y Lyon,
David. 2013. Vigilancia líquida. Buenos Aires: Paidós.
Castro Flórez,
Fernando. Mierda y catástrofe. Síndromes culturales del arte contemporáneo.
2014. Madrid: Fórcola Ediciones.
Querol, José Manuel.
2015. Postfascismos. El lado oscuro de la democracia. Madrid: Díaz &
Pons.
*Poeta y ensayista colombiano
Ritual de Títeres
La vida; imágenes en tránsito
Por
Mauricio Palomo Riaño*
Ritual de
títeres es un elocuente riesgo, un salto al abismo, y en ese
caer en cada línea en la que transitan imágenes maravillosas asistimos al
resquebrajamiento del género de la novela en su tratamiento tradicional, género
revelador que se resignifica aquí con la escritura de Márquez Cristo. En esta
obra cada renglón insta al lector a las distintas variables que se pueden
hallar dentro de la prosa, aquellas que van más allá de la tradición narrativa
y del agotamiento de sus elementos clásicos. Existe una insistencia en la prosa
dislocada, que se fractura dejando ver en cada recodo cómo vuelve y se
construye en destellos la imagen poética, para de nuevo volverse a dislocar.
Todo está desprendido, pero todo está unido, es el orden desde la entropía,
bienvenida la trasgresión de los géneros, la poesía narrada.
La novela deambula
entre espacios externos e internos, es decir, un trasiego entre realidades
intangibles y tangibles, entre filosofía y literatura. Gonzalo Márquez Cristo
no deja recuperar al lector de la profundidad de una imagen cuando le atraviesa
otra, sale uno dulcemente herido en esta arena de tinta, por necesidad. Lo
indescifrable se percibe, la narración pasa de un personaje a otro como en un
juego coral y todo parece estar roto, hasta el mismo lector que se introduce en
su universo.
Los personajes son
caminantes en este museo de la nostalgia, en este laberinto sin Teseo. Ariadna,
la prostituta que maneja y entreteje el hilo de los títeres que son los otros
personajes (todos masculinos) en la trama, es la piedra angular en el
desarrollo de la historia de los dos planos, el ser y el no ser. Su tejido
narrativo se quiebra y se construye, se construye y se quiebra, como una tela
de araña. Es una genial propuesta; transgresora, arriesgada y bien cuidada en
cada forma, en cada palabra. Estos son pues, los matices que hacen precisamente
de Ritual de títeres una novela cautivante, que te reta como lector y que
te insta a múltiples reflexiones sobre el miedo, el olvido, la ausencia, el
tiempo, el dolor, los adioses, la desesperanza, la soledad y esta Bogotá que se
desdibuja y se afianza a un mismo tiempo entre grises y amarillos, y algo más,
el odio, un odio erótico como fuerza de afirmación con la vida, trasgrediendo
al amor como eterno y tradicional protagonista de la afirmación con el mundo.
Cada vez hay más
sorpresa en el lector, cada vez más magia en el recurso, en la construcción. Se
trata de un asalto tramo a tramo producido por una veta de imágenes en
emergencia, en una narración de conversaciones abstractas a la par de reales,
sin piso preciso, pero con asidero propio, todo esto siempre originado desde el
interior de nosotros mismos. Una voz femenina y un puñado de voces masculinas
dialogan en entramados poéticos impecables, para destinatarios(as) que no
debieron haber venido nunca. Los personajes como títeres en medio de un aura
nostálgica fácilmente percibida van desarrollando el ritual que no viene a ser
otro que el de la vida en la novela misma tejida por los hilos temporales de
Ariadna.
Una respuesta a los
críticos y académicos acartonados desde formas, estilos y contenidos que
desencasillan a los creadores de moldes establecidos por la ciencia de la
literatura (si es que ha de existir esta suerte de Escila). Márquez Cristo lo
reafirma en sus propias líneas: “Si es necesario hablar contra el crítico es
simplemente para cumplir con este lugar común de los escritores”.
Es poesía la novela,
el lector la lee cual versos y empieza a pretender encontrarse el asombro de
una verdad en la siguiente línea, en esa deliciosa carrera se va hilando la
historia, pero, para el lector que lee por leer será su destino perderse. Los
dos espacios que confluyen, realidad y esencia interna (si es que son
distintas) provocan en el lector el maremágnum de ficciones y realidades, de
silencios y confesiones, y sin embargo, es seguro que saldrá de la novela
entendiendo que quizá, olvido muchas cosas más en esos renglones.
Hermandad de géneros
que se hibridan, personajes conviviendo dos planos a la par, un mundo de afuera
y un mundo de adentro; ritual de la vida, Eros y Tanatos, amores, desdichas,
fracasos, todo en una radiografía de fuego que nos permite la pregunta del
final ¿Asistiré al regreso del hombre? Que el ritual prosiga.
“Literatura es algo
que nos recuerda: no lo que está escrito, es el viaje del ciego con un candil
por abismos interiores. El poeta: verdadero durmiente, está condenado al
insomnio. La genialidad sería repetirse: un incesto de la mirada: una carencia.
Exceptuando la
poesía, lo demás es pérdida”
*Narrador y ensayista colombiano
En Luvina – Librería Galería Café
Lunes 13 de julio. 6:30 pm,
Entrada Libre
Circulo de lectura Luvina: La obra poética de Raúl
Gómez Jattín: Amanecer en el Valle del Sinú, orientada por Cristian Valencia
(escritor).
Miércoles 15 de julio, 6:30 pm.
Presentación de cuarteto de guitarra clásica en
Luvina
Contribución a los artistas $12.000
Viernes 17 de julio, 6:30 pm,
Entrada Libre
Juan Monsalve (Director Teatro de la Memoria)
conversa sobre Arte y literatura de la India
Sábado 18 de Julio, 5:30 pm.
Ciclo: Retrospectiva de Stanley Kubrick.
Película: EL RESPLANDOR
Coordinación Armando Russi. Contribución: $5.000
Carrera 5 No. 26C-06, La Macarena Bogotá, Tel. 2844157
CARTAS DE
LOS LECTORES
OLONJO. Generosos Confabulados. No se
imaginan mi alegría por la publicación de esa buena crónica del profesor Rubén
Flórez, afincado en Moscú. Definitivamente si hay un medio en el país que
reivindique a nuestros escritores en la diáspora, son definitivamente ustedes.
Una vez más gracias por su maravilloso periódico. Leonardo Galindo Gómez. Profesor de
Literaturas Comparadas.
* * *
EUGENIA SANCHEZ. Hace mucho no tenía noticia de esta poeta bogotana y
me gustaron sus poemas y la breve reseña que hiciera Hernando Guerra. Me agrada
que ustedes den cabida a la voz de las mujeres en nuestra literatura. Olga Riveros Gélvez
* * *
LIBRO POETA TOLIMENSE. Quisiera saber si dentro de sus
publicaciones tienen algún libro del Poeta Julio César Arciniegas para
adquirirlo. Me conmovió el tono de su poesía Matías Botero Bueno.
* * *
MAD MAX 3, FURIA EN EL CAMINO. Recomiendo a los seguidores de
esta saga la tercera parte protagonizada por los buenos actores Charlize Theron
y Tom Hardy. Pese a las convenciones propias del cine de héroes, la película es
hermosa como una pintura, intensa con un vendaval y tiene diálogos como este,
con el cual comienza: “Huyo de los muertos y huyo de los vivos”. O uno en la
boca de Hardy: “La esperanza es una equivocación”. Felipe Sandoval.
* * *
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aquí nuestros 100 títulos
Poesía,
Cuento, Ensayo, Crónica, Novela y Testimonio
El Libro de la Tierra
(101 geniales Autores), Discursos Premios Nobel (Tres tomos), Grandes
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