mercoledì 8 luglio 2015

No. 382 - Olonjo

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DIRECTOR: Gonzalo Márquez Cristo. EDITORES: Amparo Osorio, Iván Beltrán Castillo. COMITÉ EDITORIALFabio Jurado Valencia, Carlos Fajardo. CONFABULADORES: Óscar Collazos, José Chalarca, Maldoror, Sergio Trujillo Béjar, Fabio Martínez, Fernando Maldonado, Gabriel Arturo Castro, Guillermo Bustamante Zamudio. EN EL EXTERIOR: Alfredo Fressia (Brasil); Antonio Correa, Iván Oñate (Ecuador); Rodolfo Häsler (España); Marco Antonio Campos, José Ángel Leyva (México); Luis Alejandro Contreras, Benito Mieses, Adalber Salas (Venezuela); Renato Sandoval (Perú); Efer Arocha, Jorge Torres, Jorge Najar (Francia); Marta L. Canfield, Gabriel Impaglione (Italia); Luis Bravo (Uruguay); Armando Rodríguez Ballesteros, Osvaldo Sauma (Costa Rica).
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con el asunto “Retiro”

Olonjo


Por Rubén Darío Flórez*

La anciana de rostro con arrugas como una escritura, vestida de satín verde me toma de la mano y dice: “Sin la yegua blanca, en un sueño no puedo decir lo que vendrá”. Me mira de frente. “Tu cara no me recuerda ningún espíritu de potro de esta tierra. ¿De dónde vienes?”. De Colombia, digo. La anciana pregunta: “¿Y dónde pastan los potros en invierno?”.
Empezaba la fiesta de Olonjo en Lakutia tierra rusa cerca al ártico. Y en el inmenso campo abierto, hacemos fila frente de un árbol del que se extiende una cuerda hasta otro árbol. Estamos en el efímero verano y los contadores de relatos épicos han venido de toda la gigantesca Lakutia, para recitar de memoria fragmentos del poema épico Olonjo. La anciana, una narradora de ochenta años me toma de la mano.
Hace muchos años en Lakutia, tantos que mi memoria no alcanza a retenerlos, antes de mi abuelo, antes de cuando llegaran desde el Asia central mis antepasados, decidieron establecer el ritual de sacrificio de la yegua. Hay que cortarle la aorta y evitar que la sangre se derrame. Una yegua así acompaña a cada difunto al viaje de ultratumba, a las praderas de eterno verano. 
La anciana me guía por vericuetos de mitos donde las yeguas y los potros de carne jugosa están presentes en las creencias y no solo pastan en la inmensa extensión del horizonte, casi con el cielo pegado de sus crines. No hay montañas y esto produce la ilusión óptica del cielo fundido con la llanura.
En la película de A. Tarkovsky los caballos blancos son parte del paisaje. La línea del horizonte es infinita y en ese ámbito galopan los caballos que se echan en la tierra revolcándose. La anciana de rostro quemado por el viento, me da un nudo trenzado de crines de yegua blanca. “No garantiza que no habrá peligros, pero si llegan sabrás reconocerlos”. Y suelta una carcajada. ¿De qué está hecho tu instinto? Sus dientes de oro reflejan el árbol.
“Hay muchos, el de saber correr, el de sentir el miedo sin parpadear, el del amor y el de captar a alguien antes de que hable o haga”. El instinto es como el sexto sentido de un caballo. La casa ritual del festival Olonjo de verano nos espera. Hago fila ante la cuerda tendida entre dos árboles y anudo tres cintas. Roja, verde y malva. Me quedo pensando en mi instinto.
La anciana pareció esfumarse. Y entré. La fiesta estaba en su punto más alto. En el centro, no más de 30 años, vestidos con atuendos y casquetes rojos que acentuaban sus ojos rasgados, había dos artistas de canto gutural. El lugar fue invadido por un sonido profundo, hipnótico, bélico. Se sucedió un silbido y se acentuó el canto gutural de puro arte e instinto. Entre tanto sirven morcillas Jan, hechas con sangre y trozos tiernos de carne, lonchas finamente cortadas y especiadas. 
Saboreo delgadas tajadas de lengua de siervo siberiano. Su sabor es incomparable. A mi lado, un anciano contador de leyendas, comenta que la carne de potro debe ser tierna para que la morcilla Jan quede del gusto como el que disfrutamos. Bebemos una copa de kumýs ligeramente dulce, hecho de leche de yegua. La canción narra el sueño de la yegua blanca que se perdió en el ártico y vio en los hielos una pradera florecida.
*Escritor colombiano


Eugenia Sánchez Nieto


Por Hernando Guerra Tovar

La mirada poética de Eugenia Sánchez Nieto penetra el mundo para advertir la multiplicidad de la violencia que concurre y discurre en la más incierta condición del hombre. Un abrir los espejos y mirar allí en sus ojos de miedo el vacío o la agonía de una nación que se desploma cada vez más, bajo la paradoja de la ingravidez que anima el desconcierto.  Realidades oscuras, agujeros en el aire, “el saber que el tiempo cambia / que hay una oscuridad cruzada de voces.” 
“La noche entra por la ventana” en búsqueda de la invisibilidad, que permanece con los ojos abiertos aun la ceguera, los gestos y ademanes; tinieblas que derivan la procaz sociedad y sus estamentos envilecidos. Aquí la poesía se compromete con el hombre en tanto víctima de un concierto donde la música, las luces, los avivamientos, los fuegos artificiales tienen una sinrazón de ser.
Eugenia Sánchez Nieto señala los desvalores del poder en la ciudad, los “dominios cruzados”, los visibles ademanes”  que germinan cada día en las calles, en las esquinas, en los escenarios, los templos, prostíbulos y palacios. Funda lo visible ante la perplejidad de lo invisible, como bien lo anuncia el narrador Evelio Rosero Diago: “estamos en la aldea, pero vemos ineludiblemente las casas, y no solamente nos asomamos: entramos en ellas. Es la aldea universal en todo el esplendor de su miseria, condición y consecuencia de quienes gobiernan desde los más voraces apetitos, en contra del Ser y su Palabra: “por una escalera sin  fin / una mujer sin rostro sube abismada.”
Mas la poesía señala asimismo, en su lugar espiritual, un horizonte pleno,  puerto seguro donde recostar la piel y asumir el fuego: “a lo lejos un jinete cabalga bajo un cielo incendiado.”

DOS POEMAS DE EUGENCIA SÁNCHEZ
MOVIMIENTOS TEMIDOS

Desde mi cama mirando la luna
escuché unos ruidos extraños
pasos lentos subían, subían
voces susurrando subieron hasta el sexto piso
En esta ciudad fría que he amado
llegaron a mi apartamento
el miedo era un globo a punto de reventar
allí todos dormidos
las escaleras oscuras, los pasos llegando
siniestros hombres sin corazón
cumplían un trabajo más
Una noche lluviosa de mayo
la luna oculta y mi optimismo intacto
en esta ciudad fría que he amado
hombres sin corazón nos asesinaron
Mi pequeño hijo escondido en un armario ha sobrevivido
gritos, gritos, gritos silenciados
nadie aguanta tanto
los seres invisibles se despojan de su invisibilidad.


PAISAJES SECRETOS

En el espejo se miró mil veces y fue bella
tres viudeces sombrearon su camino
en lustrosos recintos fue el centro de atención
sus hijas observan desde la primera fila.
El tiempo fue un soplo
el frío quebranta mis pulmones
mil veces fui bella, el espejo ya no es el mismo
un ser invisible traza un camino que no deseo
no logro detenerme
lámparas iluminadas, noches suntuosas
en el hotel todos somos extranjeros.
En el espejo se miró mil veces y fue bella
tres rostros visitaron su lecho
desde el fondo de la noche hay labios, amor y sonrisas
sus hijos tiemblan en su sueño, tienden puentes movedizos.
Temo mirar el espejo, allí el ser invisible
alguien oculto me empuja
crece el corazón, golpea a cada instante
en fatigosas noches rostros blancos me visitan
mis hijos tienden puentes movedizos
en mi dedo la alianza entre la soledad y la noche
no logro detenerme
extraños ángeles elevan mi cuerpo
alguien murmura al oído el adiós sobre mis ojos.


Eugenia Sánchez nació en Bogotá, Colombia, en 1953. Título de Filosofa de la Universidad Nacional (1980), Especialización en Administración y Planeación del desarrollo regional, Universidad de los Andes (1993). Premio Nacional de Poesía Hormiga Editores en 1984. Segundo Lugar en el Concurso Nacional de Poesía convocado por el XII Festival de la Juventud Internacional y la Fundación Papagayo de Cristal, 1985. Segundo Lugar en el Concurso Nacional de Poesía Luis Carlos López, 1989. Beca de creación en la modalidad de poesía, Colcultura, 1995. Ha publicado los libros: Que Venga El tiempo Que Nos Prenda, 1985; Con La Venia De Los Heliotropos, 1990; Los cuadernos Las Puertas De Lo Invisible, 1993 y Visibles Ademanes publicado en la colección Viernes de Poesía de la universidad Nacional, Abril 2004; Dominios cruzados, Antología personal, 2010.



Esta semana en LUVINA

Miércoles 8 de julio, 6:30 pm.
Presentación de guitarra clásica: Marc Rosemberg y Alejandro Bonilla
Contribución a los artistas $12.000

Jueves 9 de julio, 6:30 pm, Entrada Libre
Presentación del libro de poesía ‘diario de los seres anónimos’ de
Omar Ortiz. El autor conversará con Jotamario Arbeláez.

Sábado 11 de Julio, 5:30 pm.
Ciclo: Retrospectiva de Stanley Kubrick.  Película: La naranja mecánica
Coordinación Armando Russi. Contribución: $5.000

Carrera 5 No. 26C-06, La Macarena Bogotá, Tel. 2844157




4 poemas de Julio César Arciniegas

Julio César Arciniegas (Rovira, Tolima, 1953), trabajador de la tierra y poeta autodidacta. Autor de: La ciudad inventadaColor de miedoNúmeros hay sobre los templos; y Abreviatura del árbol, obra ganadora del Premio Nacional de Poesía en 2007.

DOS MEMORIAS. De Consumaciones

Le pusieron alas ligeras, dos espacios abstractos, ojos abisales, una forma de fresco abismo; lo vistieron de abatimientos, de vientre oscuro, de acento, de glacial y de sombra. Le vendaron los ojos con dos noches y dos memorias. Le dieron dos espadas, el libro de los muertos, un hábito civil, más dos yemas que juran sobre una mujer de cansados huesos. Le dieron ondulantes hologramas, y de estar asistido de un doble misterio se sabe concebido por dos vientres.


FRUTO CIEGO. De Abreviatura del árbol

Es el encantado de la desesperación,
el no amado.
Nadie debe respirar sin horóscopo
ni hablar de las manchas de los demonios
que fluyen de sus flores nocturnas.
Su sentido lo intima con el ángel alucinado
de la roca viva, el arrojado,
el de las visiones converso.


ARDILLA. De Bestiario un día después

Con su carne débil sobre los mástiles revolviéndose
a un tiempo.
Hija de la sombra del vacío,
de los desencadenamientos
de las memorias del árbol
entre aplazados aires,
mordisqueo lo escrito
en los pactos del comienzo,
por donde oye a través de una tierra invertida
la orden de desembarco.
Aún caían las extremidades de la ira cuando creó las monstruosas lianas que conducen a la libertad.


SIN RESPUESTAS DEL MUNDO. De Bodas de sombra

Cuántas veces asistí
a la huida de los partos
y cuántas he encontrado
el testimonio escrito sobre la roca.
A veces camino sobre el resplandor
a punto de tocar al dios desconocido.
Encuentro en el lugar de la sospecha
las luces ya ganadas.
Cuánto más he descendido sin responder al mundo
devorado por la ciega fuga de los tiempos.




CARTAS DE LOS LECTORES

25 AÑOS DEL FESTIVAL DE POESÍA DE MEDELLÍN. Felicito a los organizadores de este evento magno, que ya cumple Bodas de Plata. Les deseo suerte en esa cumbre por la paz, tan necesaria en este país que se desangra. Laura Silva.

* * *
DESDE COSTA RICA. Soy una admiradora de esta publicación de ustedes. Vivo en Costa Rica. Gracias por todos los aportes. Hoy por la memoria de Gardel con la que crecí y por el poeta del libro de los caminos. Resucitar y vivir. Todo lo que deja el exilio! Aplausos! Me encanta! Mónica Perea

* * *
SOBRE EL VIAJE AL AVERNO. Gonzalo: Después de releer tu conmovedora salida a la vida, de profundizar en tu relato magistral con fichas maravillosas de lenguaje sentido e íntimo y atento, sólo puedo decir gracias nuevamente por esa pieza (”Crónica de un viaje al país e la muerte”), que marca el potencial de tu singular creatividad y la convicción de que la poesía que tú posees nos da la salida a la luz. Poeta, no sabía tanto de mí hasta que te conocí. Ángel Loochkartt.

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80 AÑOS DE UN MITO. Es asombroso que el cantante argentino todavía sea tan necesario y que sus canciones nos sigan alumbrando en las noches. Fernando Porras.

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