lunedì 11 maggio 2015

[Henciclo] interruptor - Pensar ordenadamente es propio de explotadores - la columna de H enciclopedia



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         REVISITANDO UNA CONVERSACIÓN DE 2011
Pensar ordenadamente es propio de explotadores
Hace unos días nos enteramos
de que el enésimo libro donde nuestro ex presidente depone verbalmente está a la venta. En él —además de basurear a gente que ha trabajado largamente para su causa, como Constanza Moreira— dice José Mujica de Astori: "Pobre Danilo. Le falta sex appeal. Siempre está por ser presidente y va a seguir ahí porque no tiene picardía, le falta maldad. Danilo no tiene eso, es meramente racional y no llega al corazón de la gente. La gente piensa con el bobo también. Él es un profesor que da cátedra pero no te conmueve, no te roba una lágrima. Puede ser admirado, no querido. Pone distancia y la gente lo intuye. Otro problema que tiene es que habla en un lenguaje que la gente no entiende un carajo. Ese es un pecado capital para juntar votos".

En el verano de 2011, cuando aun no se había cumplido un año de la asunción de Mujica, la Revista uruguaya de Psicoanálisis me daba oportunidad de una entrevista con motivo de la publicación de uno de mis libros sobre Herrera y Reissig, y aquella conversación con el Ps. Álvaro Zas dio pie a algunas observaciones que, con la ventaja de la distancia, vale la pena revisar, en lugar de escribirlas de nuevo. Decía entonces: “Sobre esta dimensión, en relación a la comunicación política, se ha hablado mucho. Hay gente esencialmente no racional que tiene gran impacto mediático, quizá gracias a eso, he ahí el problema, porque después resultan bastante malos para los trabajos que deben desempeñar. Un ejemplo sorprendente para mí de eso es Bush hijo; yo vi los debates, una política monstruosa como todo el mundo ve y ha comprobado, pero en su discusión mediática quedaba muy bien el sujeto, incluso el debate con Kerry que era un hombre más formado, ganó Bush en los debates claramente. No sé cómo hizo, pero ganó claramente. [...] Estoy poniendo el ejemplo de alguien que tiene eso que hay que tener para convencer y ganar, y que no tiene atrás una solidez o valores de otro tipo. Por ejemplo, aquí, Mujica enganchó a mucha gente por vender o generar un personaje que es muy empático con el supuesto «uruguayo medio», o con la imagen del uruguayo medio que tiene el público aquí, algo así —pues claro que no hay uruguayo medio. También Mujica maneja muy bien ese nivel de respuesta sintética y con «punch», igual que lo hacía Bush hijo —quizá a los partidarios de Mujica no les encante este paralelismo, pero creo que está justificado. Cuando le preguntan a Mujica sobre un tema muchas veces dice algo original con bastante fuerza, pero no muy analíticamente explicado; muchas veces, de hecho, lo que dice es un disparate práctico, una vez que el tema al que se refiere se analice con cierta actitud de llevarlo a la práctica; cuando uno se pone a tratar de ver cómo se aplica, qué sigue, qué implica. Y creo que eso se está viendo ahora, que ha lanzado una cantidad de ideas interesantes de por sí, pero que no pasa nada en el gobierno, que hay, no sé, una anomia, un trancazo”.

En aquel momento yo creía que las cosas que el presidente anunciaba se iban a hacer finalmente, de alguna manera. Sigue la entrevista así:

“Frente a eso, lo que me llama la atención, en los últimos años, es que la gente que es más articulada, que claramente habla más como se escribe, cae mal, le cae mal a la gente y yo no entiendo del todo por qué pasa eso, pero pasa. O sea, es como si hubiera una cantidad de gente que ya se resiste a la cultura de lo escrito y a lo intelectual; se resiste de una manera no articulada, pero muy clara. Vota con los pies. Me acuerdo sobre todo en la última campaña electoral, aunque no estaba acá, me daba cuenta de que había, atravesando los partidos, una cierta actitud muy «inconsciente», si querés usar la palabra en sentido folk, de darle más valor a figuras mejores para lo oral, más repentistas, más graciosas, más inventivas, que a figuras más sistemáticas, más estudiosas y sólidas. En ese sentido, acá me refiero a lo no verbal, a ciertos «efectos de palabra» si se quiere. Por ejemplo las figuras de Mujica o Lacalle eran más entradoras que las figuras de Sanguinetti o Astori. Y ahí creo está clara una posible división: Astori es un tipo interesante para hablar pero es casi obsesivamente racional. Sus argumentos están armados en pisos: es alguien inusualmente estructurado para argumentar, es muy bueno en ese sentido. Y lo extraño, lo que he notado como novedoso, es que últimamente mucha gente interpreta eso casi como mala onda. Es absurdo, es sorprendente. Aparece, ante la gente más articulada para argumentar, una mezcla de impotencia y rabia del público, como diciendo: «yo no te puedo seguir en esa, pero peor para vos». Y van y homologan al otro, refrendan al menos articulado, al de estilo menos estructurado y menos «racional»”.


Hoy, Mujica no sólo confirma aquella observación sobre los mecanismos de la política del 2011, sino que la defiende y la enarbola como virtud. Como virtud, sorprendentemente, “de clase”: “Danilo no tiene eso, es meramente racional y no llega al corazón de la gente. [...] Te pone la barrera y ahí es donde vos sentís la distancia de clase".

Así, el mago Mujica acaba de convertir a la capacidad de argumentar racionalmente en uno más de los defectos de los explotadores. Este es el presidente que gritaba exigiendo “educación, educación, educación” el primer día de su mandato. Evidentemente, él tiene en mente por “educación” algo muy distinto de lo que, por milenios,  la gente que ha entendido algo del tema ha entendido.

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Lo cual trae al tema de la educación de nuevo. Hay nuevas autoridades en educación y en cultura. Aun no han mostrado las cartas, especialmente en educación. Valdría la pena comentar sobre esto. Pero, una vez más, ¿para qué escribir de nuevo lo que ya fue dicho hace cuatro años? Más vale recuperar y transcribir fragmentos de aquella conversación. Lo que no parece haber cambiado aun demasiado es la agenda de discusión.

“Me parece que hay grandes dificultades de las Humanidades tradicionales para entender lo que pasa en un mundo en el que el lenguaje ya no juega el lugar que jugaba en 1900. Ha cambiado el lugar jerárquico del lenguaje verbal en términos de su relación con el poder, con la política, y hasta con el conocimiento, porque hay formas de conocimiento que son no lingüísticas o no esencialmente lingüísticas [...]. Es claro que no estamos operando ya acá con el lenguaje en el sentido de los diarios, del ensayo académico, es decir, de aquel lenguaje que era central al poder, el lenguaje que fundó la disciplina humanística y las Ciencias Sociales. Entonces si antes, en aquel modelo del XIX las Humanidades, las Ciencias Sociales reinaban, hoy por hoy hay un corrimiento del rol, de la importancia relativa y del rol social del lenguaje escrito y de largo aliento. Julio Herrera y Reissig, ya que estábamos hablando de él, era un sujeto visible con alguna forma de poder, porque manejaba aquel lenguaje en un tiempo en el cual la política y el poder y el Estado, funcionaban exclusivamente en base a escritos, o a discursos. No había siquiera radios. Lo que había era diarios y discursos. Entonces, cualquier sujeto que maneja el medio de comunicación principal es como una figura que todos los canales de televisión o todos los espacios audiovisuales quisieran tener con ellos, porque genera capital simbólico. [...]
Hoy puede haber escritores muy importantes, pero no pueden ocupar ese mismo lugar simbólico. Pero de todos modos me parece que la escritura no juega el mismo rol en relación con el poder y demás que jugaba. Y he aquí un problema: eso, el mundo educativo, no lo está reflejando bien". (leer más) 
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