lunedì 15 dicembre 2014

[Henciclo] interruptor - La fascinación - la columna de H enciclopedia



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IMPOSIBILIDAD DEL SER
 
     La fascinación
 

         Carlos Rehermann
El escritor Domingo
Bordoli solía hacer entrevistas a sus colegas uruguayos en su audición radial “Enfoques  culturales del SODRE”, que en los primeros años de la década de 1960 se difundía por una de las emisoras del Estado. En estas entrevistas las preguntas eran siempre las mismas. Una de ellas requería la opinión del escritor acerca de la recepción crítica de su obra. En la entrevista que Bordoli le realizó, Carlos Real de Azúa contestó, entre otras cosas, lo siguiente:

“En la “Antología” no se discutió más que el método y las inclusiones y las exclusiones. Ninguna nota, en cambio, analizó lo que verdaderamente me importaba de ella, esto es la justeza o el acierto de las noticias que anteceden a cada autor seleccionado y de alguna manera el manifiesto intelectual que la armonización de todas ellas implica. Ángel Rama vio este aspecto, pero no entiendo por qué lo señaló con tono ligeramente denunciante, siendo muy obvio que no me importaba nada escamotear esta intención”.

Real de Azúa se refería aquí a su selección de ensayos de autores uruguayos, entre los que figuraba uno de Bordoli. Este profesor de literatura, cuentista (publicaba sus ficciones con su segundo nombre y su segundo apellido, Luis Castelli), y, si seguimos las clasificaciones de los amantes de la heráldica patria, miembro de la generación del 45, formaba parte del grupo de escritores y críticos que publicaba la revista literaria Asir, de la que se aparecieron 39 números entre 1948 y 1959. El director de la revista era Washington Lockhart, otro ensayista que mereció la consideración de Real de Azúa. La cita es útil por la afloración del nombre de Rama, crítico en aquel entonces en ascenso, editor y juez tonante de las letras uruguayas, que adquiriría prestigio olímpico a lo largo de la década de 1970.

Como se sabe, el mundo va de mal en peor y el fin de los tiempos se aproxima, de manera que no es de extrañar que hoy nos hagan falta ensayistas como Lockhart, Real de Azúa o Bordoli, no tanto porque uno esté de acuerdo con lo que proponían, sino simplemente por el temblor que provoca esta pánica llanura. 


La crítica uruguaya adquirió en aquellos años fama de seria, aunque en ese sentido quizá lo fue solo por carecer de aptitudes para la sonrisa. Curiosamente se encuentra hoy más sustancia en los que no prosperaron en el camino de la gloria que en quienes fascinaron a sus contemporáneos pero se han vuelto ilegibles hoy. Probablemente el poder —de promoción, de censura— de algunos críticos de los sesenta tuvo relación con la posesión de medios de producción, es decir, editoriales.
El nombre de Bordoli, que fue víctima de la cartografía crítica de los sesenta, no atravesó los años setenta. Ángel Rama escribió que la gente que se reunía para editar la revista Asir tenía “una nutrición intelectual arcaica, conservadora, propicia a un inefalibilismo confuso”. Los acusaba de “convalidar los derechos eternos e inalienables de la oligarquía nacional”, y agregaba: “tal como puede comprobarse en la carrera cumplida por D.L. Bordoli, quien fungió como uno de los jefes del grupo”. Todo un prontuario.(leer más)
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