giovedì 12 giugno 2014

[Henciclo] interruptor - Impresiones postelectorales - la columna de H enciclopedia



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 LA GUERRA DEL CERDO REVISITADA
Impresiones postelectorales
Gustavo Espinosa
En las primeras horas de la noche
del Domingo 1 de junio de 2014 los politólogos y encuestadores uruguayos declararon el comienzo de la Guerra del Cerdo.

Durante esa jornada se desarrollaron las elecciones internas de los partidos políticos para designar el candidato único que cada una de esas agrupaciones presentará a las elecciones de octubre de este año. Había precedido a esa votación (no obligatoria) en la que participó un 39% de los votantes, una campaña abrumadora y vanilocuente, un honeroso barullo publicitario donde el jingle y la gigantografía avasallaron al logos y sustituyeron una vez más a la política.

Ante los resultados, impertérritos ante el tamaño de sus errores de cálculo y de augurio, los consultores y expertos (cuyo saber supuestamente neutral y preciso los convierte en estrellas del espectáculo electoral) anunciaron que la ciudadanía uruguaya había expresado su voluntad de poner a los jóvenes en el lugar que hasta el momento habían ocupado los viejos, y que probablemente la próxima elección se dirimiría según criterios generacionales. La  base fáctica de esa interpretación es la siguiente: la fuerza que más votos obtuvo en esta elección fue el Partido Nacional; allí Luis Lacalle Pou (1973) derrotó amplia y sorpresivamente a Jorge Larrañaga (1956). En el Partido Colorado, mientras tanto, Pedro Bordaberry (1960) se impuso a José Amorín Batlle (1954). Si bien en la coalición que actualmente gobierna (Frente Amplio) Tabaré Vázquez (1940) le ganó como se esperaba, por una diferencia enorme a Constanza Moreira (1960), todos los analistas estiman que la cantidad de votos conseguidos por la desafiante puede considerarse, por distintos motivos, hazañosa. Por otro lado, la corriente más exitosa dentro del Frente Amplio, liderada por Raúl Sendic (1962), viene también a romper la hegemonía de tendencias más o menos tradicionales de la izquierda uruguaya.

Todo esto, entonces, es interpretado por los arúspices fríos de la televisión y los diarios como una enérgica arremetida de los más nuevos que, legitimados por las urnas, vienen a arrebatar lo que los antiguos dirigentes de un país envejecido no se deciden a entregar de una vez. Se ha instituido así la guerra de los jóvenes contra los viejos, aquella que había fabulado Adolfo Bioy Casares en su novela Diario de la guerra del cerdo (1969).
Se trata de una guerra antigua, que regresa cada tanto a la literatura.


Quinto Horacio Flaco, poeta del siglo I A.E.C., dio parte de aquel conflicto, conminando a cierta vieja a deponer su libido, a cesar su búsqueda ya desesperada de amantes jóvenes a los que no lograba encender: ¿Qué quieres tú de mí, vieja diabla, digna de tener por amante a un elefante negro? (...) albayalde y grasa de cocodrilo corren entonces como arroyos por tus mejillas, y en tu frenesí lascivo haces temblar la cama y el suelo...(Épodo XII). Aquel hablante horaciano se presenta como una víctima acosada y enojada por el deseo obsoleto y por lo tanto obsceno de la vieja. La misma situación ocurre en la Oda XXV, I:

Fútil vieja, en desiertos callejones
llorarás el desdén de los adúlteros,
mientras el viento tracio con la luna
nueva delire,
 

cuando el amor llameante y el deseo
que enfurece a las madres de los caballos
se ensañe en torno a tu hígado ulceroso
y tu te quejes.
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