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Hilda Catz nos presentó algunos de sus trabajos durante el
hermoso Festival de Arte MIRÁ realizado en el Centro Cultural Recoleta.
Con la temática enfocada en la violencia como disparador desde el Arte,
trabajando y a la vez jugando con los contrastes entre el negro y el
blanco y desde donde el rojo impacta, Catz nos presenta una
problemática social de gran actualidad.
Gran cantidad de asistentes al festival pararon a observar su obra
emplazada en el corredor central del hermoso edificio del Centro
Cultural Recoleta. Entrevistada por Cultura al Día y en la persona del
Lic. Sapollnik, Catz nos explica las obras presentadas para este
importante evento.
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Dibujar
es una manera de ver el mundo, e Hilda Catz lo supo desde muy pronto;
para ser exactos, desde los tres años, cuando su padre le mostró el
fascinante universo al que podía acceder a través del papel y el lápiz.
A partir de entonces, los trazos no serían para ella solamente un modo
de afinar la observación, captar el detalle y rescatar instantes, sino
un espacio reparador.
“Voy a
dibujar el mundo muy chiquitito y te lo voy a pegar en los ojos, para
que lo veas”, cuenta que le decía a una abuela que había perdido la
vista, y rescata el impacto que esa experiencia infantil tendría en su
camino. Porque ayudando a ver fue como empezó a desplegarse el juego de
esta artista y psicoanalista que abraza diversas formas de expresión,
entregándose al vaivén del sentido sin clausurar ninguno. Catz dibujó,
pintó, esculpió y modeló, siempre a la par de la atención de su
consultorio. Con la poesía a flor de piel, el arte como horizonte y
timón, ella navega adentro suyo y emerge con sus obras, que han sido
expuestas en Roma, Canadá y los Estados Unidos, y muchas de ellas
pertenecen a importantes colecciones de arte internacionales, como la
de John Coatsworth, de la Universidad de Harvard, y la de David
Tuckett, de Londres, entre otras. Alumna de grandes maestros: Aurelio
Macchi, Antonio Pujía y Juan Carlos Distéfano en escultura; Carlos
Gorriarena y Guillermo Roux en pintura; y Aída Carballo en grabado,
encontró el modo de conjugar sus dos grandes vocaciones al ser ambos,
según ella, espacios donde se despliega el hecho creador de cuadros
sobre el amor en los que cada obra remite a una frase. Uniendo los ocho
cuadros, se completaba el poema. Creo que la poesía está íntimamente
ligada con la expresión plástica, porque ambas son pura síntesis de los
sentimientos que están en juego en un momento en particular. Pero para
llegar a ella hay que hacer un largo camino de búsqueda. De la misma
manera, tanto la obra como la poesía no tienen que quedar cerrados.
(Fuente: página oficial del Festival).
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